Andreu Buenafuente
es y ha sido, durante muchos años, el presentador de late
night por
excelencia de la televisión española. El fundador de ElTerrat
lleva más de veinte años en el mundo de la televisión y, pese a la
velocidad con la que los medios han evolucionado, ha sido siempre
capaz de adaptarse y mantener su posición en el panorama televisivo,
sin renunciar a sus señas de identidad.
El formato de La Cosa Nostra, que traslada a la televisión nacional con su fichaje por Antena 3 en 2005, se sostiene sobre tres pilares básicos: el humor irreverente, de actualidad y crítica social, la figura carismática del presentador y sus secciones básicas: el monólogo inicial, la entrevista y las actuaciones musicales. Un formato basado en el modelo americano de lateshow que en España emergía como algo completamente novedoso. En 2007 el programa fichó a La Sexta y se mantuvo hasta Junio de 2011. Tras anunciar un descanso para renovar las ideas, volvió en abril de 2012 con el programa Buenas noches y Buenafuente, un programa de emisión semanal, en prime time y para la cadena Antena 3. Pese a las altas expectativas, el programa no tuvo buenos índices de audiencia y fue cancelado un mes más tarde. Tras este fracaso, se alzaron muchas de las voces que decían que Buenafuente debía renovarse, porque el formato ya no daba más de sí.
El formato de La Cosa Nostra, que traslada a la televisión nacional con su fichaje por Antena 3 en 2005, se sostiene sobre tres pilares básicos: el humor irreverente, de actualidad y crítica social, la figura carismática del presentador y sus secciones básicas: el monólogo inicial, la entrevista y las actuaciones musicales. Un formato basado en el modelo americano de lateshow que en España emergía como algo completamente novedoso. En 2007 el programa fichó a La Sexta y se mantuvo hasta Junio de 2011. Tras anunciar un descanso para renovar las ideas, volvió en abril de 2012 con el programa Buenas noches y Buenafuente, un programa de emisión semanal, en prime time y para la cadena Antena 3. Pese a las altas expectativas, el programa no tuvo buenos índices de audiencia y fue cancelado un mes más tarde. Tras este fracaso, se alzaron muchas de las voces que decían que Buenafuente debía renovarse, porque el formato ya no daba más de sí.
Tras
un año más apartado de la televisión estatal, el presentador tuvo
quizás el tiempo para reflexionar sobre qué debía hacer para
volver con fuerza a las pantallas y no repetir el anterior fracaso. Y
encontró justo la palabra adecuada: convergencia.
La
cultura de la convergencia es un concepto que introduce Jenkins en su
libro Convergence
Culture,
en 2006, y que analiza como la era digital cambia la relación que se
establece entre los productores audiovisuales y los consumidores.
El desarrollo tecnológico implica dos cosas. Por un lado, la multiplicidad de pantallas prevé que el contenido mediático se exponga a través de diversos soportes que, lejos de anularse, deben establecer entre sí nuevas formas de interacción cada vez más complejas. Por otro lado, los consumidores pueden crear contenido o discutir el producto ofrecido por los grandes medios, editarlo y resemantizarlo. La cultura del espectador está dejando paso a la cultura participativa, en el que los ciudadanos comunes tienen la oportunidad de interrumpir el control de los medios e influir poderosamente en ellos.
Se produce una ruptura en lo que podrían haber sido los flujos en la relación comunicacional con los medios. En un principio, el derrumbe de los viejos paradigmas produce pánico entre los más implicados en el status quo y curiosidad en quienes ven el cambio como una oportunidad (Jenkins, 2006: 15). Buenafuente, integrado en ese status quo, no consideró en el programa Buenas noches y Buenafuente la posibilidad de adaptarse a la cultura de convergencia.
Era un programa unidireccional, realizado en un gran teatro, con grandes recursos pero sin interactividad, y que utilizaba fórmulas muy explotadas. Eso explica el motivo de su escaso éxito. La convergencia es ya una realidad, no se puede huir de ella o simplemente ignorarla. Su nuevo proyecto debía aceptar esta situación y encararlo como un reto. Así comenzaba En el aire, su último programa, que nace en noviembre de 2013 y que, con un formato totalmente distinto, retoma el horario late night en La Sexta.
El desarrollo tecnológico implica dos cosas. Por un lado, la multiplicidad de pantallas prevé que el contenido mediático se exponga a través de diversos soportes que, lejos de anularse, deben establecer entre sí nuevas formas de interacción cada vez más complejas. Por otro lado, los consumidores pueden crear contenido o discutir el producto ofrecido por los grandes medios, editarlo y resemantizarlo. La cultura del espectador está dejando paso a la cultura participativa, en el que los ciudadanos comunes tienen la oportunidad de interrumpir el control de los medios e influir poderosamente en ellos.
Se produce una ruptura en lo que podrían haber sido los flujos en la relación comunicacional con los medios. En un principio, el derrumbe de los viejos paradigmas produce pánico entre los más implicados en el status quo y curiosidad en quienes ven el cambio como una oportunidad (Jenkins, 2006: 15). Buenafuente, integrado en ese status quo, no consideró en el programa Buenas noches y Buenafuente la posibilidad de adaptarse a la cultura de convergencia.
Era un programa unidireccional, realizado en un gran teatro, con grandes recursos pero sin interactividad, y que utilizaba fórmulas muy explotadas. Eso explica el motivo de su escaso éxito. La convergencia es ya una realidad, no se puede huir de ella o simplemente ignorarla. Su nuevo proyecto debía aceptar esta situación y encararlo como un reto. Así comenzaba En el aire, su último programa, que nace en noviembre de 2013 y que, con un formato totalmente distinto, retoma el horario late night en La Sexta.
El monólogo de En
el aire, muy
marcado por la agenda mediática del día.
El nuevo programa de Buenafuente no era su primera inmersión en la cultura participativa. Su programa siempre tuvo mucha retroalimentación con el público, a través de figuras como la de El follonero -Jordi Évole, ahora periodista y presentador de Salvados- y fenómenos como la popularización del personaje de Rodolfo Chikilicuatre, interpretado por David Fernández, y que gracias a la actividad publicitaria de La Sexta en la cultura digital, por ejemplo a través de Youtube, pudo participar en el Festival de Música de Eurovisión del año 2008.
La época en que se popularizó esta figura fueron también los meses de mayor índice de audiencia en el programa desde su llegada a La Sexta. En la época de Antena 3, existe un precedente parecido cuando se populariza la figura de El neng, interpretado por Edu Soto, y que también supuso un elemento de feedback con los espectadores. Estas experiencias le sirven a Andreu y al equipo de El Terrat para reinterpretar las necesidades del público y abastecerlas en su nuevo programa En el aire.
El riguroso directo aparece por primera vez en la producción de El Terrat desde su irrupción en el panorama televisivo nacional, y esta es la primera de las claves del programa. Todo lo demás gira en torno al directo. La interacción con el público del plató es una constante, forma parte del juego y eso ha dado lugar a algunos de los mejores momentos del espectáculo, que luego son subidos a Youtube a través del canal de LaSexta. Una nueva puesta en escena, mucho más atractiva y con nuevas caras jóvenes que pueden interpretar mejor el lenguaje de la convergencia digital.
Nuevos temas entran en la mesa como objeto de burla y debate, más alejados de lo político y relacionados con la cultura y convergencia popular: foros, memes, redes sociales o youtubers. Destaca, como principal baluarte de este proceso de innovación, la figura de Bob Pop, un personaje instalado en una cabina dentro del plató que se dedica a rastrear la red durante el desarrollo del programa, en especial Twitter y las reacciones que se producen, lanzando activamente propuestas y preguntas a sus seguidores a través del hashtag del programa, e interviniendo en plató para trasladar a los presentadores lo que ocurre en la red. De esta manera, se establece un feedback constante que puede llegar a modificar incluso el propio transcurso del programa.
Todos
estos elementos explican la raíz del éxito actual del programa.
Buenafuente y su pareja Berto se han vuelto a asentar en horario
nocturno. En
el aire
suele dominar las audiencias en su franja y todo ello sin renunciar a
sus señas de identidad (el monólogo, la entrevista y el tono
crítico y humorístico siguen sosteniendo el show) pero incorporando
nuevos elementos que se adaptan a los nuevos tiempos.
En
el aire y
la cultura popular: Bob Pop, Jorge Ponce y la sección emoticonos
Blai Peris Vives
Bibliografía
Jenkins,
H.
Convergence Culture.
NYU Press. 2006, pp. 13-34.
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